La suya era una de esas familias que no más se reúnen para compartir situaciones agradables. Nada de penas, peleas, entierros o divorcios. Solo días de vino y alegría.
Tras años de angustia y psicofármacos, se propuso romper la tradición y arrojó su vida al río. Último fracaso: Ningún familiar asistió a su funeral.
A él
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A Elena
A uno le pueden robar muchas cosas y a Elena le robaron su persona. Es por eso que ahora vive de préstamo y le quedan muchos plazos por pagar. Cuando esté todo pagado, no recuperará nada, pero matará al ladrón.
Mientras tanto hacemos piruetas para que sonría.
De David Villanueva
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A Eric
Eric era el único niño que no tenía un pueblo a donde ir. Cuando llegaban las vacaciones y todos sus amigos se marchaban a ese lugar ansiado, él liberaba gallinas como consuelo.
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A Sebastián, el hombre menguante
Tras mucho tesón y a pesar de los malos augurios de amigos y familiares, su amor se ve por fin correspondido. Pero cada vez que éste es consumado, Sebastián pierde unos siete centímetros, y su gato empieza a preocuparse. Una semana más de pasión y no podrá resistir hincarle el diente.
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A los cochinos
El cochino está enamorado de la cochina y cuando la ve se pone muy nervioso, se le caen las gafas, y no puede decirle nada.
La cochina es muy tímida y, como le encanta el cochino, se esconde cuando él pasa a su lado.
Los animales de la granja han decidido mediar para conseguir que la pareja se declare su amor. Esta noche celebrarán una gran fiesta, y les gustaría que asistieras. Necesitan tu ayuda para cumplir su plan: El comienzo del amor marrano.
Se ruega confirmación de asistencia y etiqueta. Gracias.
Atentamente; Comité pro amor marrano.
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A 2008
Los granos caen a su acostumbrado ritmo, pero para 2008 es como si se hubiese triplicado su velocidad. Quedan pocas horas para que llegue su fin, y duda en cómo recibirlo.
¿Sentarse en su cómodo sofá, a esperar, en frente de su trilogía favorita?
¿Buscar el gran orgasmo de su existencia?, ¿zampar hasta reventar?, o ¿abrir el gas? …
Infinitas nuevas opciones estresan sus pensamientos, y por ahora sólo ha podido descartar una, recordar.
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Al chico orquesta
A lomos de un gran danés llega puntual todos los días, el chico orquesta, a la esquina de mi calle. Justo en el momento en que yo salgo de mi portal, una pareja de turistas fotografía el estanco, un grupo de niños corretea rumbo a la plaza, la camarera de la cafetería sacude un mantel, el estanquero da la vuelta a una chica que olvidará su tabaco en el mostrador y el anticuario se frota las manos.
Abro la puerta y le escucho. Asomo la cabeza y le veo. Está tocando la armónica, el violín, un bombo, cascabeles y una pianola. Me mira fijamente y la calle se desintegra. Intento no parpadear antes que él, sin éxito. Él me sonríe triunfal y reaparece la esquina que doblo.
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