Febrero 21, 2009
El cochino está enamorado de la cochina y cuando la ve se pone muy nervioso, se le caen las gafas, y no puede decirle nada.
La cochina es muy tímida y, como le encanta el cochino, se esconde cuando él pasa a su lado.
Los animales de la granja han decidido mediar para conseguir que la pareja se declare su amor. Esta noche celebrarán una gran fiesta, y les gustaría que asistieras. Necesitan tu ayuda para cumplir su plan: El comienzo del amor marrano.
Se ruega confirmación de asistencia y etiqueta. Gracias.
Atentamente; Comité pro amor marrano.
Noviembre 21, 2008
A lomos de un gran danés llega puntual todos los días, el chico orquesta, a la esquina de mi calle. Justo en el momento en que yo salgo de mi portal, una pareja de turistas fotografía el estanco, un grupo de niños corretea rumbo a la plaza, la camarera de la cafetería sacude un mantel, el estanquero da la vuelta a una chica que olvidará su tabaco en el mostrador y el anticuario se frota las manos.
Abro la puerta y le escucho. Asomo la cabeza y le veo. Está tocando la armónica, el violín, un bombo, cascabeles y una pianola. Me mira fijamente y la calle se desintegra. Intento no parpadear antes que él, sin éxito. Él me sonríe triunfal y reaparece la esquina que doblo.
Noviembre 10, 2008
Y fueron felices. Y comieron perdices. Y no sobrevivieron a la gripe aviar.
Noviembre 3, 2008
A pesar de que la reina blanca no soporta a la negra, y viceversa, juntas abandonaron el ajedrez, ávidas de emociones nuevas.
Encontraron la Jungla, y en sus reales cabezas empezaron a trazarse planes de soberanía.
Engatusaron al león y al tigre. Conmovieron al elefante. Engañaron al leopardo. Sobornaron a la rata. Se comieron al lobo.
El perro no tardó en subirse a sus faldas y el gato fue el más complicado.
Con la fauna dominada cesó la alianza entre las monarcas, que reanudaron su crónica disputa. Y es que la reina negra no soporta a la blanca, y viceversa.
Octubre 29, 2008
Desde que Frank Sinatra llegó a casa, los vecinos nos traen pasteles cada día. La nevera está repleta. Ya no queda sitio en las alacenas. Él no los prueba y nosotros hemos dejado de hacerlo. Aunque, debido al olor, nuestro nivel de azúcar sigue subiendo.
Como no podemos deshacernos de los dulces por temor a ser descubiertos y enemistar a la comunidad, tenemos que librarnos de Franky. Va a ser duro y dudamos aún, ¿Devolverlo al hogar de donde le echaron por exceso de pizzas; o meterlo en una botella de cristal, bien tapada, y arrojarlo desde el puente al río Este?