Sabiendo de la larga vida de las tortugas, Alfonso le regaló una a su amada y le dijo: qué nuestro amor dure tanto como este longevo animal.
Una semana más tarde, al volver pronto a casa, encontró todo muy oscuro e inesperadamente piso algo duro. Era la pobre tortuga. La había matado.
Horrorizado corrió al dormitorio, donde encontró a su amada, practicando sexo, con un señor calvo al que no había visto nunca.