Fabián estaba tan tan tan sólo y era tan tan tan rico, que su único contacto con la humanidad era el olorcillo que desprendían los miles de billetes que cada noche contaba en el salón de su gran mansión.
Fabián estaba tan tan tan sólo y era tan tan tan rico, que su único contacto con la humanidad era el olorcillo que desprendían los miles de billetes que cada noche contaba en el salón de su gran mansión.